Ser como el colibrí
Reflexión de la clase del 6 de julio de 2019
Sobreviviente de cuatro campos de concentración nazis, Viktor Frankl, afirma que "la vida tiene sentido bajo cualquier circunstancia, aún en situaciones límite como el dolor, la enfermedad, la pérdida de un ser querido"
Estas palabras de Víctor Frankl vinieron a mi mente durante la clase, cuando se mencionó que los docentes damos por hecho que nuestros alumnos han cubierto sus necesidades más básicas como la alimentación y que están listos para cubrir necesidades de orden superior como las cognitivas, las estéticas y las de auto-aprendizaje, y por tanto, solo piensan en alcanzar la trascendencia.
Lo anterior me ayudó a vislumbrar que aunque hay situaciones difíciles de solventar como docentes, porque no está en nuestras manos, por ejemplo, alimentación precaria, abandono afectivo de sus padres, vivir en zonas con alto índice de delincuencia, incluso más graves (me ha tocado trabajar con jóvenes que han sufrido abuso sexual o que han intentado suicidarse) siempre, siempre es posible que le hallen sentido a su vida, y ahí es donde entra la parte más complicada de nuestra labor, cómo, ante un escenario tan difícil podemos lograr que los niños y jóvenes sientan ese entusiasmo por acudir a la escuela, por aprender, por disfrutar de las experiencias en el aula, verlas como el medio para cambiar su realidad... ante un panorama desalentador, parece imposible, pero hay muchas historias de éxito que nos muestran lo contrario, y yo, me aferro a ellas.
Y, procuro que mis alumnos se aferren a ellas, pues qué les contestas cuando llegan y te dicen: Maestra, ¿para qué estudio si la ONU ya dijo que en 30 años le queda a la vida sobre la Tierra? Yo, les contesto: pues por eso, de ti depende que le queden 31 en vez de 30, estudia, igual y en tus manos está la solución al agujero de la capa de Ozono. Pero también me pregunto ¡Dios mío, ¿y si solo les estoy dando falsas esperanzas? y sin embargo, tengo la fortuna de que las asignaturas que imparto me permiten tener espacios para hallar el sentido a lo que hacemos conjuntamente en el aula aun en esta situación límite que amenaza toda esperanza humana.
Por otro lado, estuve pensando en las actividades que trabajo con mis alumnos y descubrí que afortunadamente, me estoy ocupando más del fondo que de la forma. A veces me llegan alumnos con el típico: no lo pude imprimir pero lo hice a mano, y yo les digo que adelante, que no hay problema, que me interesa más que haya cumplido y le daré más valor a la calidad con la que haya realizado la actividad.
Así mismo, no me gusta saturarlos con actividades, a lo mucho, por bloque; les solicito 6 y ellos felices porque me dicen que otros docentes les dejan hasta 24. Gracias a ello he visto que en general cumplen, porque además las realizan en el salón para que yo pueda apoyarlos, sobre todo si es en equipo.
Las actividades me gusta que sean de reto, por ejemplo: En Desarrollo Humano, cuando veíamos las características psicosociales de los adultos, les pedí que llevaran una prenda de ropa al salón y les di 2 sesiones para que la transformaran y con ella representaran la característica que les correspondía (aparición de estrés, síndrome del nido vacío, aislamiento de los amigos, sentimientos de éxito o fracaso laboral, etc.) no que dibujaran sobre la prenda y la usarán como lienzo, sino una verdadera transformación. Después tenían que ponérselas y hacer su pasarela para al final exponer su trabajo. El resultado fue que les encantó. Al final cerré con la reflexión del porqué de la actividad, les expliqué que crecer lo haremos todos, hay características físicas que se darán porque es lo natural y situaciones que viviremos porque son parte de la dinámica de la vida, pero que mientras más fortalezcan sus capacidades cognitivas y logren trasformar y ver lo que ya está dado desde otras perspectivas, les ayudará a poder enfrentarse a situaciones diversas y encontrar siempre una solución con lo que tengan al alcance.
Aunque me lleve mucho tiempo pensando en qué puedo hacer, busco actividades de ese tipo si no para cada clase, al menos una al bloque, con la que aprendan, se motiven y se diviertan. Reconozco también que no siempre es posible, que el cansancio a veces nos lleva a planear lo más simple, pero cuando me siento a planear las clases, realmente me esmero en pensar qué puedo ofrecerles ese día que vaya de la mano con lo que requieren y que les deje esa sensación de querer estar presentes en la clase del siguiente día.
Finalmente, sé que aunque llevo 8 años siendo docente, aun me falta mucho para ser la docente que espero, pero si 30 años de vida le quedan a este planeta, 30 años seguiré enseñando, aprendiendo y dando lo mejor. Yo, como el colibrí, aunque sola no pueda apagar el incendio del bosque, seguiré llevando en mi pequeño pico el agua que le quepa para hacer mi parte, aunque los demás animales solo miren asustados y sumidos en la desesperanza.
Les dejo, por cierto, el cuento del colibrí para quien guste leerlo:
Cuentan los guaraníes que un día hubo un enorme incendio en la selva.
Todos los animales huían despavoridos, pues era un fuego terrible.
De pronto, el jaguar vio pasar sobre su cabeza al colibrí… en dirección contraria, es decir, hacia el fuego.
Le extrañó sobremanera, pero no quiso detenerse.
Al instante, lo vio pasar de nuevo, esta vez en su misma dirección.
Pudo observar este ir y venir repetidas veces, hasta que decidió preguntar al pajarillo, pues le parecía un comportamiento harto estrafalario:
¿Qué haces colibrí?, le preguntó.
Voy al lago -respondió el ave- tomo agua con el pico y la echo en el fuego para apagar el incendio.
El jaguar se sonrió.
¿Estás loco?- le dijo. ¿Crees que vas a conseguir apagarlo con tu pequeño pico tú solo?
Bueno- respondió, el colibrí- yo hago mi parte…
Y tras decir esto, se marchó por más agua al lago.

