REFLEXIÓN CLASE 6 JUNIO 2019
Aprender es divertido…y enseñar ¡Aún más!
¿Recuerdan que les platiqué acerca del curso de motivación en el aula? Bueno, pues como parte de mi proceso de formación es importante recuperar los aprendizajes y reflexiones que surgen después de los temas vistos en la clase, y presentarlos a través de un blog, ¡Idea que me ha encantado!
Quiero iniciar este post con una imagen que me
encontré en el FB (la que aparece debajo del encabezado), encierra una verdad que pocos quieren reconocer, ¿por qué
está perdida la juventud? Tal vez porque desde niños, los adultos, les ayudaron
a perderse en vez de ayudarles a encontrarse, tenemos ahora a jóvenes rotos,
fragmentados, escondidos, apáticos que muchas veces actúan o siguen a las
masas, a las modas, solo por no sentirse apartados, solos.
Me impactó descubrir también que
existe una idea generalizada sobre los niños y niñas:
“Los niños que se esfuerzan en pensar y actuar por
sí mimos, ser independientes, competentes e inteligentes, son innaturales… ya
que no son encantadores y no juegan el papel que los adultos esperarían”
Y fue peor aún cuando me cayó el veinte que socialmente hablando, valoramos más la estupidez que la inteligencia, por ejemplo: El joven galán, retador, macho alfa, cuenta chistes, alburero, grosero atrae más audiencia y reconocimiento, se hace notar más que aquel joven al que le gusta aprender, que es cumplido, responsable, respetuoso, amable; como ese no hace ruido, ni consigue novia, pues ni quien lo mire ¿no? y todavía nos atrevemos a decirle “el matadito”.
Y fue peor aún cuando me cayó el veinte que socialmente hablando, valoramos más la estupidez que la inteligencia, por ejemplo: El joven galán, retador, macho alfa, cuenta chistes, alburero, grosero atrae más audiencia y reconocimiento, se hace notar más que aquel joven al que le gusta aprender, que es cumplido, responsable, respetuoso, amable; como ese no hace ruido, ni consigue novia, pues ni quien lo mire ¿no? y todavía nos atrevemos a decirle “el matadito”.
Aunado a esto, muchos adultos, entre ellos padres y
madres de familia, incluso docentes, se han encargado de presentar el
aprendizaje y la escuela como una obligación, una carga, un castigo, lejos de
ayudarnos (a quienes sí tenemos fe en la escuela) a que los niños y jóvenes la conciban como una de las instituciones
formadoras más importantes para alcanzar el bienestar individual y colectivo y no solo como un recinto donde vas a recolectar "n" cantidad de datos con el único fin de aprobar un curso y pasar al siguiente porque así tiene que ser.
¡Qué responsabilidad tan grande tenemos ahora los
docentes que sí creemos en el poder del aprendizaje! Resetear el chip de los
niños y jóvenes para convencerlos que ES DIVERTIDO APRENDER, pero para ello,
primero debemos convencernos a nosotros mismos que lo es aún más ENSEÑAR y
entonces, a través de nuestro ejemplo contribuir a recuperar la fe en las
escuelas y en la labor de los docentes como piezas claves para la transformación
humana y social sobre todo en aquellos aspectos que al día de hoy nos afectan
como la inseguridad, la violencia, la delincuencia, la injusticia, la
discriminación, la escasez de recursos, entre otros.
Además de ser una gran responsabilidad, es para mí
uno de los mayores retos pensar, buscar, decidir, diseñar la mejor manera
(estrategia didáctica) para que mis alumnos disfruten de los temas que se
abordan en el aula, tanto como yo me divierto al presentarlos, hacer de la
clase un momento ameno para compartir, para cuestionar, para descubrir,
reflexionar, para aprender y desaprender juntos si es necesario; para pintarnos
nuevos y mejores panoramas de vida en beneficio de todos, porque hoy son mis
alumnos, pero también son ciudadanos con los que comparto espacios, tiempo,
recursos y el día de mañana tal vez sean la enfermera que me proporcione
cuidados en un hospital o el abogado que defienda mis derechos laborales.
Es una tarea difícil, pero no imposible, yo creo en
el talento, en la inteligencia, yo creo que mis alumnos son brillantes pero
debo replantearme el qué estoy haciendo para lograr que ellos también lo crean
porque no quiero ser en sus vidas “otro adulto que les enseña mal, otro adulto
que no les está ayudando a encontrarse” y cuesta, me cuesta porque implica
desafiar al sistema, implica arriesgarme a que un día un padre o madre de
familia llegue a la escuela exigiendo mi cabeza por las ideas tal vez contrarias
que les enseño a las que tienen en sus familias, por decirles que a pesar de
ser jóvenes tienen todo el derecho del mundo a saber, a opinar, a cuestionar, a
involucrarse, a decidir, a generar cambios; o incluso me arriesgo a que me llame
la atención alguna autoridad educativa porque me salgo de lo que dice el libro,
la programación y los contenidos.
Sin embargo, y siendo honesta tengo la firme convicción de que la causa lo vale y de que la forma en la que elijo llevar mis clases son pensando justamente en derrotar a la estupidez y poner en primer lugar a la inteligencia, a las múltiples inteligencias con las que convivo diariamente en la escuela.
Sin embargo, y siendo honesta tengo la firme convicción de que la causa lo vale y de que la forma en la que elijo llevar mis clases son pensando justamente en derrotar a la estupidez y poner en primer lugar a la inteligencia, a las múltiples inteligencias con las que convivo diariamente en la escuela.

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