sábado, 29 de junio de 2019


¿Qué piensan los jóvenes acerca de la educación escolar?

Recientemente he escrito acerca del fracaso escolar y el fracaso educativo. Hace unos días justamente mis alumnos de segundo semestre de bachillerato, como parte de las evidencias del curso de taller de lectura y redacción 2 redactaron una reseña argumentativa y crítica sobre un tema de elección libre. Todos hicieron un trabajo excelente, sin embargo, uno de ellos me sorprendió pues a través de su escrito logró reflejar su sentir acerca del sistema educativo actual. Leyendo con atención el texto, podemos darnos cuenta que sus percepciones no están nada alejadas a la realidad que él y muchos otros jóvenes de bachillerato viven en sus escuelas.

Transcribo a continuación copia fiel de la reseña:

Sistema estancado


Desde mi simple e insignificante punto de vista, la educación no está en un estado óptimo y podríamos hacer muchas cosas para mejorarlo, cosas muy Fáciles pero difíciles de cambiar que a estas alturas parece imposible debido a que muchos de los que están a cargo de la enseñanza tienen la mente cerrada y se rehúsan a considerar alternativas que podrían ser más eficaces que las actuales. Es por esto que en esta reseña, hablaré sobre mi opinión acerca de los errores que cometemos al seguir un modelo antiguo.

Desde pequeños nos enseñan a prestarle atención a los profesores sin hacer ninguna reclamación, tomar como la verdad absoluta cada una de sus palabras usando como excusa que ellos tienen más experiencia que nosotros, implicando junto con esto, que nunca cometen errores y si les corregimos en algo, no merecemos más que unos cuantos gritos suyos por haberlo corregido. Pero eso ha cambiado al pasar de los años, ahora parece que estamos creciendo como sociedad y aceptamos el hecho de que todos cometemos errores y es normal, es algo común, pero no notamos que aún hay cosas que nos hace falta ver. La humanidad se estancó por mucho tiempo cuando no hacían nada más que rezar y negaban todo lo que sería un gran descubrimiento o algo que les ayudara a avanzar como sociedad, llegando a tal extremo que incluso ejecutaron personas por descubrir cosas nuevas y he visto escuelas que exclaman una y otra vez orgullosamente que llevan usando el mismo sistema educativo por más de 100 años, uno que no ha progresado por más de un siglo, repitiendo la misma historia de antes, en el que si bien se implementan pequeños cambios y se le añaden ciertas mejoras, la forma de emplearlas es la misma: el maestro al frente de todos explicando un tema y los alumnos con sus libretas apuntando. Si los estudiantes, los niños y jóvenes que van a la escuela a aprender evolucionan y mejoran cada día, ¿por qué nuestro sistema se mantiene de la misma forma?

Nuestro sistema educativo actual consiste en que el alumno debe memorizarse diversos temas, funciones, números, nombres, fechas, lugares, etc, para un tiempo después vomitar todo en un examen y no volver a usar esa información en su vida. Para estudiar, los docentes fomentan la memorización, repetir una y otra vez las líneas de texto, y si bien puede ser útil y más rápido a corto plazo, termina siendo contraproducente, ya que al recordar cada palabra en ese orden, no entiendes el significado y puede acabar inutilizando el cerebro. La gente podría saber que hubo una independencia, pero no una guerra; recuerdan las palabras, pero no su significado y es esto lo que se debería evitar, pero no, no es así como crecieron aquellos niños que ahora nos enseñan, ellos crecieron memorizando y es lo que quieren que hagamos también. Una forma que me parece más eficaz es aprender los temas, entender los motivos por los cuales se dieron las situaciones y se obtuvieron esos resultados. Siguiendo esto, no tendríamos que recordar cosas inútiles como el nombre de los múltiples capitanes que lucharon en la independencia, recordaríamos en su lugar sus hazañas.

Podríamos reemplazar las tareas que son específicamente planearlas para hacer después de la jornada escolar por unas cuantas horas más de estudio: eliminar las tareas para la casa y salir a las 3:00 o 4:00 de la tarde. Estas tareas eran originalmente para consolidar los aprendizajes adquiridos en el aula de clase, pero ya no es esta forma en la que se usan, ahora el profesor, al atrasarse en responder dudas, imprevistos, y otras cosas, es presionado por la dirección porque necesita seguir el plan antes marcado y no le queda más remedio que dejar 4 hojas de problemas que eran en un principio para que todos los estudiantes hagan junto con el profesor, además de otras 2 que de todas formas debía dejar para la casa. Sin tareas para la casa, el alumno se sentiría mucho más cómodo al salir de clases y no tendría tanto estrés por lo que al día siguiente iría con una mejor actitud y más abierto a recibir información por parte del docente.

Otro detalle importante es que a los maestros no parece importarle que el alumno haya llegado a su resultado, sino la forma en la que llego, por lo que si este tiene una forma por la cual se le facilita más hacer algo, se lo rechazan y se ve forzado a aprender un método quizá más complejo. Todos somos diferentes y tenemos formas distintas de movernos de un lugar a otro: podríamos ir caminando, arrastrándonos, corriendo o saltando, pero de todas estas formas llegamos al mismo objetivo, tal vez una forma fue más rápida, tal vez una es más cansada, pero el resultado es el mismo. Esto es lo mismo cuando intentamos resolver un ejercicio de matemáticas, a una persona se le puede hacer más fácil usar diagramas o dibujos, mientras que a la otra se le puede facilitar escribir números junto con letras y terminan obteniendo exactamente lo mismo. “No quiero que lo hagas de la forma fácil, quiero que lo hagas como yo quiero” casi los escucho decir.

Si bien tenemos excepciones en las que algunos maestros realmente se preocupan por que sus alumnos aprendan y no solo que hagan la tarea, estos no son todos. Es también desde mi perspectiva una muestra del error que se ha cometido cuando pasamos de emocionarnos por ir a la escuela a emocionarnos por salir de ella.

N. L (2019)

miércoles, 26 de junio de 2019


Reflexión clase 15 de junio de 2019

 “Todos somos responsables”

Hola de nuevo amigos lectores, recién ha terminado mi segunda clase de “motivación en el aula” y pues… ¿qué puedo decirles? Tengo sentimientos encontrados, pero antes quisiera dejar en claro dos conceptos que serán el punto medular de mi reflexión respecto a los temas tratados durante la sesión.

Empecemos por distinguir la diferencia entre el fracaso educativo y el fracaso escolar, ya que no son lo mismo.   

El fracaso educativo ocurre cuando el sistema educativo no logra dotar a los individuos de las competencias que éstos requieren para desenvolverse funcionalmente dentro de una sociedad, y en éste se ven involucrados diversos factores como las políticas educativas, cuestiones de infraestructura, financiamiento y cobertura, diseños curriculares insuficientes, aspectos sociales y culturales, etc. Por otro lado, el fracaso escolar se presenta en aquel estudiante que no logra aprobar un curso, obtener un título o que abandona la escuela.

Como docente he tenido en mis grupos a más de un estudiante que ha fracasado escolarmente, generalmente termina siendo dado de baja por no aprobar asignaturas como matemáticas o química (después de 12 intentos, ¡sí, 12!) y otros por cuestiones de indisciplina. Es en este punto donde aparece el primer sentimiento ¡les he fallado! Y quisiera descubrir en qué punto hice o no hice algo que coadyuvó a ese resultado, porque fui tutora de algunos de ellos, me preocupa no enterarme a tiempo ya que no serán los únicos alumnos que tendré en esta situación, quisiera darme cuenta para hacer algo que posiblemente cambie el resultado, tal vez para quitarme de encima un poco de esa culpa.

Por otro lado, me alivio un instante al pensar que si bien es cierto que habemos maestros que estamos ahí para escuchar, para apoyar, para dar ánimos y segundas oportunidades, es, a fin de cuentas, el alumno (a) quien decide qué hacer con esa oportunidad, con ese apoyo que yo y muchos docentes les proporcionamos en momentos determinantes de su vida escolar, como puede ser un extraordinario, la pérdida de alguien importante, una mala nota a pesar de un trabajo bien hecho, rupturas con la pareja o las amistades, situaciones de acoso, etc.

Es entonces cuando aparece otro sentir, ¡la culpa no solo es mía, yo he hecho mi parte! ¿qué hay de su familia? ¿de sus amistades? ¿de las otras personas que forman parte de su vida? ¡Es una responsabilidad compartida! Antes de que se generará la baja de un estudiante siempre busqué ese espacio para hablar con mis alumnos e incluso se dieron casos en los que se citó a los padres de familia y solo con platicar con ellos unos minutos podía comprender por qué el joven se hallaba en esa situación: Padres y madres demasiado ocupados para dedicar tiempo a sus hijos, pegados al celular porque dejaron pendientes para poder asistir a la reunión, regañándoles y recriminándoles sus faltas sin permitirles hablar, padres y madres que no quieren asumir su responsabilidad en las carencias educativas, afectivas y emocionales de sus hijos, que solo exigen y castigan, pero no ofrecen apoyo, ni establecen compromisos para “salvar el semestre” juntos.

Ante esto, me preocupo y me siento sola en la tarea de acompañar a mis alumnos en su camino para que el día de mañana puedan desenvolverse funcionalmente y sin problemas es esta sociedad que cada día es más compleja y diversa. A pesar de ello, me aferro al refrán “la esperanza es lo último que muere” y confío en que a través del buen ejemplo y de las experiencias de aprendizaje conjuntas puedo contribuir a prevenir el fracaso escolar o en caso de ocurrir porque no lograron cubrir los requisitos y especificaciones del sistema educativo mexicano aún tengan la oportunidad de un futuro próspero gracias a que me enfoqué en sus talentos en otras áreas, a que dediqué tiempo para fortalecer la práctica de sus valores, porque les di el espacio para compartir lo que disfrutan, sus sueños, sus ideales, porque los acompañé en sus triunfos y sus duelos, porque los escuché y los reconocí como seres dignos y valiosos, pero sobre todo porque nunca permití que se sintieran fracasados, por el contrario hice lo que estuvo en mis manos para que siempre se sintieran capaces.

Pienso que de seguir bajo esa línea, el fracaso educativo se podría ver mermado, pues el ámbito escolar es solo una parte de éste y sin embargo, las experiencias que los docentes ofrecen a sus alumnos en las aulas son de gran influencia en la determinación que niños y jóvenes tendrán para aferrarse al éxito o al fracaso, incluso las ideas que les vendemos en la escuela de lo que estas palabras significan tienen mucho peso para lo que deseamos que cada individuo represente como miembro activo de la sociedad, es decir, que al final de su vida y a pesar de los fracasos (en cualquier ámbito) logren formarse un buen porvenir y ser ejemplares en todos los aspectos o que terminen siendo deformados a nivel personal, moral y social, aptos para ser convenientemente manipulados…

¡Conciencia ante cada acto y cada palabra en el aula, recuerden que TODOS SOMOS RESPONSABLES!

martes, 11 de junio de 2019

REFLEXIÓN CLASE 6 JUNIO 2019
Aprender es divertido…y enseñar ¡Aún más!


¿Recuerdan que les platiqué acerca del curso de motivación en el aula? Bueno, pues como parte de mi proceso de formación es importante recuperar los aprendizajes y reflexiones que surgen después de los temas vistos en la clase, y presentarlos a través de un blog, ¡Idea que me ha encantado!

Quiero iniciar este post con una imagen que me encontré en el FB (la que aparece debajo del encabezado), encierra una verdad que pocos quieren reconocer, ¿por qué está perdida la juventud? Tal vez porque desde niños, los adultos, les ayudaron a perderse en vez de ayudarles a encontrarse, tenemos ahora a jóvenes rotos, fragmentados, escondidos, apáticos que muchas veces actúan o siguen a las masas, a las modas, solo por no sentirse apartados, solos.

Me impactó descubrir también que existe una idea generalizada sobre los niños y niñas:

“Los niños que se esfuerzan en pensar y actuar por sí mimos, ser independientes, competentes e inteligentes, son innaturales… ya que no son encantadores y no juegan el papel que los adultos esperarían” 

Y fue peor aún cuando me cayó el veinte que socialmente hablando, valoramos más la estupidez que la inteligencia, por ejemplo: El joven galán, retador, macho alfa, cuenta chistes, alburero, grosero atrae más audiencia y reconocimiento, se hace notar más que aquel joven al que le gusta aprender, que es cumplido, responsable, respetuoso, amable; como ese no hace ruido, ni consigue novia, pues ni quien lo mire ¿no? y todavía nos atrevemos a decirle “el matadito”.

Aunado a esto, muchos adultos, entre ellos padres y madres de familia, incluso docentes, se han encargado de presentar el aprendizaje y la escuela como una obligación, una carga, un castigo, lejos de ayudarnos (a quienes sí tenemos fe en la escuela) a que los niños y jóvenes la conciban como una de las instituciones formadoras más importantes para alcanzar el bienestar individual y colectivo y no solo como un recinto donde vas a recolectar "n" cantidad de datos con el único fin de aprobar un curso y pasar al siguiente porque así tiene que ser. 

¡Qué responsabilidad tan grande tenemos ahora los docentes que sí creemos en el poder del aprendizaje! Resetear el chip de los niños y jóvenes para convencerlos que ES DIVERTIDO APRENDER, pero para ello, primero debemos convencernos a nosotros mismos que lo es aún más ENSEÑAR y entonces, a través de nuestro ejemplo contribuir a recuperar la fe en las escuelas y en la labor de los docentes como piezas claves para la transformación humana y social sobre todo en aquellos aspectos que al día de hoy nos afectan como la inseguridad, la violencia, la delincuencia, la injusticia, la discriminación, la escasez de recursos, entre otros.

Además de ser una gran responsabilidad, es para mí uno de los mayores retos pensar, buscar, decidir, diseñar la mejor manera (estrategia didáctica) para que mis alumnos disfruten de los temas que se abordan en el aula, tanto como yo me divierto al presentarlos, hacer de la clase un momento ameno para compartir, para cuestionar, para descubrir, reflexionar, para aprender y desaprender juntos si es necesario; para pintarnos nuevos y mejores panoramas de vida en beneficio de todos, porque hoy son mis alumnos, pero también son ciudadanos con los que comparto espacios, tiempo, recursos y el día de mañana tal vez sean la enfermera que me proporcione cuidados en un hospital o el abogado que defienda mis derechos laborales.

Es una tarea difícil, pero no imposible, yo creo en el talento, en la inteligencia, yo creo que mis alumnos son brillantes pero debo replantearme el qué estoy haciendo para lograr que ellos también lo crean porque no quiero ser en sus vidas “otro adulto que les enseña mal, otro adulto que no les está ayudando a encontrarse” y cuesta, me cuesta porque implica desafiar al sistema, implica arriesgarme a que un día un padre o madre de familia llegue a la escuela exigiendo mi cabeza por las ideas tal vez contrarias que les enseño a las que tienen en sus familias, por decirles que a pesar de ser jóvenes tienen todo el derecho del mundo a saber, a opinar, a cuestionar, a involucrarse, a decidir, a generar cambios; o incluso me arriesgo a que me llame la atención alguna autoridad educativa porque me salgo de lo que dice el libro, la programación y los contenidos.

Sin embargo, y siendo honesta tengo la firme convicción de que la causa lo vale y de que la forma en la que elijo llevar mis clases son pensando justamente en derrotar a la estupidez y poner en primer lugar a la inteligencia, a las múltiples inteligencias con las que convivo diariamente en la escuela. 

"Acerca de mí"


Hola a todos amigos y amigas docentes, me complace presentarme ante ustedes y platicarles un poco sobre mi persona, y digo un poco porque bien podría dedicar una saga completa a mi presentación, pero bueno, prometo ser breve.

Mi nombre es Raquel Herrera, pero mi familia, amigos y esposo me dicen Raquela, lo cual me encanta porque refleja el gran aprecio y cariño que sienten por mí.


En cuanto a mis intereses ¡pff! son diversos, pero se enfocan principalmente a la lectura de novelas de terror o misterio, soy fan #1 de John Katzenbach, Stephen King y de J.K Rowling, aunque los libros de Harry Potter no son propiamente de los géneros que menciono y, debo confesar que un gusto literario culposo son los textos del señor Paulo Coelho. 


Por otro lado, soy defensora incansable de los derechos de los animales y del cuidado de los recursos naturales, me encantan los gatos, la música alegre y para bailar, ir al cine, comer pizza y ver series o películas de diversa índole (aunque prefiero las de temas históricos, viajes en el tiempo, misterios y crímenes sin resolver, culturas mitológicas, de alienígenas, mundos alternos utópicos, etc.) acompañadas de sus respectivas botanitas.


En el aspecto profesional me encanta todo lo relacionado con la educación, con la enseñanza, el aprendizaje, con la conducta humana, con el desarrollo social y la interacción de los grupos humanos, etc. En un futuro quisiera estudiar algo relacionado con psicoterapia o psicología educativa, es una meta que me falta cumplir porque el nivel que más me gusta para enseñar y aprender es el bachillerato, disfruto mucho trabajar con adolescentes y jóvenes.


Me considero una persona auténtica, divertida, ocurrente, con mucha imaginación, segura de mí misma, extrovertida, poseo mucha determinación, soy responsable, comprometida e independiente. Cuando inicio algo jamás lo dejo a medias, si no lo termino no logro ni dormir y si acaso me quedo dormida ¡hasta lo sueño!


Ahora que he iniciado la maestría, bueno, ya casi un año ¡qué rápido!, he tenido la oportunidad de actualizarme o conocer temas que ni por casualidad se me hubieran ocurrido y recientemente empiezo el curso de "MOTIVACIÓN EN EL AULA" me siento entusiasmadísima, es un tema que me parece de lo más esencial, no solo para el aula sino para el día a día. Espero que este curso me ayude a descubrir qué me motiva (y así confirmar mis sospechas de que pertenezco a ese pequeño porcentaje de la población que no aspira a ser millonaria, sino a tener paz en el corazón y una sonrisa de satisfacción en el rostro al irme a dormir) qué me mueve a hacer, estar y ser cada día un mejor ser humano y docente.


Un aspecto que me destaca es que soy práctica, procuro hacer las cosas de manera rápida y efectiva (siempre cuidando que salgan bien) para tener mayor tiempo libre para recrearme con todo lo que mencioné antes, por lo mismo, puedo crear algo de la nada ya sea con los pocos o muchos recursos que tenga al alcance, además me adapto con facilidad a diferentes ambientes y puedo interactuar grupal o individualmente con personas de características diversas.


Para terminar, considero que algo que me destaca es que después de ciertas experiencias de vida que me permitieron revalorar quién soy, ya no tengo miedo de ser yo, de defender mis ideas, de expresar lo que siento o exigir (en el buen sentido) lo que creo merecer. Lo que otros crean u opinen sobre mí, sobre todo si son percepciones negativas, no tiene influencia sobre mi forma de ser, actuar o las decisiones que tomo, y aquellas buenas opiniones también son bienvenidas, pero no me permito caer en el egocentrismo o la soberbia, porque aprendí que son amigas de portazos en la cara; así que ahora cada día me propongo practicar la humildad y tomar de las situaciones o personas lo mejor y únicamente lo que me sirve para mi propósito de vida, que tal vez revele en una próxima entrada ;).








¿Y qué pasó después? ¡Hola de nuevo amigos lectores! De manera súper rápida les cuento que hace mucho terminó mi curso de motivación ...